Bocha Gallardo y su editorial charrúa

March 6, 2018

 

¿Quién diría que en aquellas tórridas noches de mi ciudad Mar del Plata, en la calle México cuando escuchaba radios uruguayas y sus narraciones de fútbol con el Profesor Jorge Da Silveira y básquet hasta que la madrugada hacía vencer mis ojos, podría estar en ese bello país como periodista 45 años despues?. ¿O quien supondría que en aquellas tardes cuando tejía en aquella vieja máquina número 5 y escuchábamos Radio Montecarlo con “aquí está su disco”, auspiciado por Yerba “Canarias”, vendría a trabajar a la República Oriental del Uruguay 38 años después?. 
Mas acá en el tiempo, al cubrir la Copa América Uruguay 95’ cuando aún estábamos trabajando sobre las memorias de los Juegos Deportivos Panamericanos de Mar del Plata, 23 años después estoy nuevamente por acá, del otro lado del charco, en el “paisito”. Aquel gol del “manteca” Martinez en el Centenario sobre Brasil en la final de la copa fue el epílogo de una visita maratónica en bus atravesando el país, yendo al lejano Paysandú, al limítrofe Rivera cuando Tulio jugó al handball y venció a la Argentina, el nuevo estadio de Maldonado, el pintoresco Colonia ,la mañana previa a la final caminando por la 18 de julio viviendo el duelo antes de la consagración, recuerdos, imágenes celestes.

23 años pasaron. 26 años pasaron del primer mundial de pádel, el de España, el que Argentina ganó todo y en el que Uruguay fue tercero en las dos ramas.Allí el “gran”Severino Iezzi fue coach de la “celeste” en ese mundial de pádel fundacional de Madrid y Sevilla. Incluso Uruguay juega un match en Sevilla en un coqueto club de squash en una cancha irreal con piso de parquet y bastante mas larga que lo normal. Fotos, olores, colores, sonidos de aquel Mundial donde las estadísticas empezaron a marcar la historia, donde el “pico murió” luego de su corta y dañina existencia, Mundial que ordenó el planeta pádel e incluso permitió la abolición de un nombre extranjerizante para adoptarle el definitivo, el español, aunque a 26 años muchos lo escriben y lo dicen como en la prehistoria.

Un barco con nombre de Papa que en vez de navegar vuela me depositó en el puerto montevideano. Un joven mestizo me buscó luego de esas dos horas y media lujosas donde me sentí un rey. Me esperan kilómetros hasta la exquisita Carrasco y su centenario edificio Casino. De escuchar Rush y David Gilmour pasé a escuchar candombe y rock con El cuarteto de Nos y No te va a gustar. La rambla y el estuario del Río de la Plata que te hace confundir si lo que ves es río o es mar, aunque sus habitantes dicen que el agua por momentos es dulce y por momentos salada. Allí nos esperaban los bisnietos del pádel argentino. Los que se erigen en futuros números 1. Los hiper jóvenes Salías-Chiostri. Silenciosos y respetuosos se ubicaron en la parte de atrás del vehículo de Germán. Nos íbamos de Carrasco a Canelones, a Solymar. Allí en “La Rinconada” los jugadores de la “Fabrice Pastor Cup” llegaban y jugaban en ese ámbito natural, entre las plantas, en un lugar agreste, cálido. Allí nos esperaba Kike.

Un hombre apasionado, que conoce el pádel uruguayo como nadie, un hombre de charla larga y generosa, un hombre de carácter y fe. Su piel delata horas de sol, sol de pádel y del otro. Su espíritu contagia, su vértigo replica en nuestros estados de ánimo. Su palabra justa, su arenga, siempre termina con un remate que transmite vida, que irradia optimismo: “vamooo arribaaa”!!!!!. Me hacía acordar al emblema que muchas veces escuchamos en las marchas futboleras “charrúas”, me parece escuchar a Jaime Roos cantando “Vamo, vamo arriba la celeste”. Kike impulsa similar motivación pero con el pádel. 
El mítico Gabriel Reca en su doble función de jugador y ojos de Fabrice en Uruguay, el internacional juez Eduardo Willers, el narrador Guillermo Rusell, también recibían directivas y apoyo constante de Kike con su “vamooo arribaaa”!!!. Fue el lema durante este torneo internacional. Uruguay se vistió de fiesta. Los jugadores de la Selección de Uruguay que compartí la emoción del Sudamericano de San Antonio, Chile, estaban allí, también las “gurisas” alentando en las gradas. Argentina, Brasil y el dueño de casa se unieron para jugar pádel y Fabrice Pastor llegó con su estructura para premiar a un binomio uruguayo y llevarlo a jugar a Europa. Casi nada. Pavada de premio.

 

No hubo tiempo de ver ni a Nacional ni a Peñarol. Si vi por arriba la cancha de tenis de Carrasco donde en 1994 Uruguay con Filipini y Perez vapuleaban a Frana y Markus en zona americana de la Davis. Otros tiempos. Si hubo tiempo para comprar yerba, para recorrer las pintorescas calles del puerto y comer los tradicionales “chivitos”. No pude ver al negro Rada. No me pude sentar a tomar un cafecito en la peatonal Sarandí o comprar un recuerdo en la cortada “Yacaré”. Pero sentí la brisa de una costanera que magnetiza, que cautiva. Escuché a su gente hablar tan parecido pero tan distinto a la vez. Comprobé una vez mas que se asemejan a nosotros pero las diferencias son abismales. Gardel, el dulce de leche, el fútbol, el tango, la carne, las vacas, el trigo, el río…el fútbol, no son palabras sueltas sin esencia, son fuertes historias que nos diferencian y nos unen por igual.

Faltó que el uruguayo mas famoso del pádel internacional, el conocido periodista, estuviera en su casa. Don Fabrice lo precisaba en Brasil. Faltó que estuviera en su terruño para conocer algo mas junto con él de la bohemia montevideana. No faltará ocasión para que así sea. El espíritu colonizador de Pastor y su especial dedicación por América del Sur, seguramente me permitirá volver por esta tierra.
Pero me llevo el lema, el estandarte, el que nos guió todos los días, el que marcó nuestra estadía en Uruguay. Lo decía un señor que lo apodan Kike y aún retumba en mis oídos, casi como una necesidad. El “vamoooo aribaaaa”!!!! siempre indicará nuestras vidas, lo usaremos cuando debemos motivarnos por cualquier aspecto de la vida, para encarar un reto personal, un desafío grupal. Ese slogan permitirá en nuestra mente estar mas cerca aún que por un espejo de agua que nos separa.

“Vamoo, vamoo arribaa la celeste”...

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J. ramirez de velasco 536 - caba - argentina

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